martes, 9 de febrero de 2010

DESASTRE Y FARSA.





Alberto Híjar.

Ya se cumple la sentencia a mi pobre país que donde lo toco brota pus. A los desastres hay que sumar los oportunismos de los gobernantes, de los dirigentes de los partidos, de los pseudoperiodistas y voceros de la desinformación culpando al SME del colapso de la electricidad. Cunden las insurrecciones como cierres de carreteras y grandes avenidas, ataques a sedes de gobierno como en la otrora pacífica Tlalpan ahora colocada en el territorio en disputa por los narcotraficantes y sus socios infiltrados en el gobierno para extender la guerra al paso del Distrito Federal a Morelos, Guerrero y Michoacán. 

Entre los oportunismos está el de los escritores y cineastas cuidadosos en sus historias para no molestar a nadie. No tienen la imaginación y el poder poético de los conjuntos norteños en sus intencionados corridos. Por esto no irán los Tigres del Norte al mundial de fútbol porque los censores no quieren oír la alegoría del perro bravo desatado, hambriento, feroz e incontrolable ni el canto al jefe de jefes ovacionado en el Ángel de la Independencia en 2008. Estos censores son los mismos en campaña de promoción del México bonito de cinco estrellas con tres anoréxicas con vaporosos vestidos largos y fieras al lado frente a paisajes hermosos que hay que ver con música misticoide como si así pudiera ocultarse la verdad de Ciudad Juárez y Tamaulipas. Pudiera ser por el poder de las imágenes carentes de contenido concreto porque lo mismo sirven para cualquier espiritualismo vulgar y falso.

El tono fársico se impone. Cómo no, si el presidente municipal de Ciudad Juárez vive en El Paso Texas para no exponerse y el gobernador de Chihuahua exige mando centralizado de la seguridad como si así garantizara algo. Calderón prefiere hacer discursos ante quienes lo han perdido todo en las inundaciones y lo increpan indignados. Peña Nieto exhibe su real estatura porque no ha podido impedir que nadie más alto le haga sombra, ni siquiera su novia. Peña es más chaparro que Calderón en todos sentidos, pese a su visita al Papa y a los poderosos de Davos. Todo esto es una farsa.

Jorge Vázquez Ángeles escribió entre 2003 y 2005 su primera novela con una beca acrecentada por el fondo para jóvenes escritores de CONACULTA. Editada por JUS que ha dejado la especialización en asuntos cristeros, El jardín de las delicias narra la guerra del agua desatada por el Gordo Castillo, gobernador del Estado de México al cerrar las válvulas del Cutzamala en Lerma para surtir al Distrito Federal. El presidente huye, los pleitos alcanzan a los comandantes de la policía, el ejército y la marina mientras por la ciudad en desastre se multiplican toda clase de corrupciones y enfrentamientos. Un joven que se baña y recibe ropa limpia gracias al descubrimiento de una tubería en casa de su novia, casualmente observa a su suegra desnuda en el baño, tiene que huir y mientras trata de reconciliarse con una rockera espectacular, su novia lo sorprende, le avienta una reproducción de El jardín de las delicias de El Bosco y nadie entiende nada cuando un comando especial todo vestido de negro y encapuchado, arrasa con la casa de la novia, tortura y mata a los hermanos y al padre, ataca el departamento del joven estudioso de la historia del arte a quien persiguen por aire y tierra a un concierto en Avandaro. Todo termina en una casa secreta donde un hacker intenta descubrir la clave de la cuenta en Suiza en disputa pero la clave estaba en el cuadro. Un grupo de policías paramilitares atacan, liberan a su jefe y dan a conocer todo por televisión mientras la guerrilla mazahua se retira del Cutzamala y permite la vuelta del agua al DF en estado de desastre.

Me resisto a repetir la frase de André Bretón sobre Kafka que en México sería escritor costumbrista, sino más bien hay que acentuar el tono fársico y trágico que lo mismo explica los chistes sobre el balazo al famoso futbolista sorprendido a las cinco de la mañana en un bar, que el racismo filantrópico frente al pueblo de Haití. ¿Cómo narrar sobre las decenas de jóvenes que acudieron a poner ofrendas, cantar y gritar, a oír misa y sermón de un cura alquilón todo pagado por Televisa-América frente al Estadio Azteca?. Todo mientras los horrores cunden como el del reportero de Tv Azteca en una casa inundada con un piano flotando que perteneció a su abuela y ahora tendrá que salir como despojo de la casa de su mamá. Esteban Miarce y El Escaca ríen de la desgracia ajena en Matutino Express mientras dan paso a las noticias del divorcio en turno en Hollywood. Es horrible, la farsa continua, los escritores se quedan cortos y preparan los homenajes en la próxima feria del libro. Cunde el descontento. Ni los Cascos Azules de la ONU podrían salvarnos de los experimentos con la atmósfera iniciados por Reagan y Bush con el proyecto HAARP desde su central en Alaska. Y todavía no es temporada de lluvias.

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